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Gremlin con Napoleón (Pekinés de mi hermana María Ercilia)


Entre las efervescencias electorales nos dejó,  todavía no nos damos cuenta de su falta porque el tema de la gente es solo la política. Pero cuando veamos que ya no está comenzaremos a extrañarlo sin remedio, porque siempre fue un ser especial su sencillez su pacífica amabilidad y su disponibilidad para hacerle compañía a cualquiera a cambio simplemente de una demostración de cariño.

Pocas personas tenían la capacidad de hacerse entender con apenas articular un sonido así como entendernos sin que haya palabras de por medio, su inteligencia tan superior a la humana nos daba clases de vida a diario, su estilo de convivencia del que tendríamos que aprender y sin embargo nunca lo hicimos por ser tan “humanos” nos mostraba como la solidaridad y la tolerancia lo convertían en alguien tan querible.


Generosidad en la justa medida para que no lo creyeran un tonto y para aquellos que pretendían abusar de su tolerancia el recordarle que tolerancia no era cobardía.


Un ser tan humano como los humanos deberíamos ser, tan gentil aun sabiéndose  valiente y con tanta calle y sencillez como los grandes, así transitó su vida, enseñándole


a todo aquel que quisiera como vivir en paz con su entorno, reclamando como remuneración comida, cariño y un lugar medianamente tranquilo para reposar después de sus correrías nocturnas.


Hasta siempre querido amigo y maestro de cuatro patas a donde hayas ido espero que te quieran tanto como nosotros y con quién estés puedan aprender mas de vos, nosotros al igual que con todos los seres que queremos esperamos volver a encontrarte de nuevo.


Creo que es el sentimiento que tenemos todos hacia vos querido GREMLIN







 
Este homenaje lo escribió Edgardo Lavaggi, vecino y amigo de esta casa, unos días después que Gremlin se durmió para no despertar más.

Lo encontré un primero de diciembre de 1995, esquivando autos por la avenida San Martín. Le calculé unos dos meses o tal vez tres. Estaba desnutrido y la sarna lo había dejado sin un pelo. Lo primero que le creció fue un pequeño mechón de pelos en la cabeza el cual le dió el nombre por su parecido a éstos graciosos personajes del cine. 
La Veterinaria era su casa, aunque venía solamente a dormir. Cuando los años se le vinieron encima y tras sufrir un misterioso accidente con su cola, pasaba más horas con nosotros. Dormía sobre el mostrador, le hacía compañía a los internados, pedía mimos a los clientes.
Creo que estaba convencido de que era un perro.                                  Dra. María Clara Herrera


                                                                           GREMLIN
                                                                01/12/1995   -   01/11/2004